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jueves, 22 de octubre de 2015

Como conseguir chicas

Empezó a sonar. Nunca quise tanto un cd como a ese, hoy en día pienso que más que un cd viene a ser como una máquina del tiempo. Me trae recuerdos constantemente, no sólo aquellos escondidos en los rincones de mi cabeza, sino que me hace sentir aquello que sentía cuando escuchaba esas canciones, me teletransporta.
Creo que esa noche fue una de esas revolucionarias, mágicas. Como si el muro (que se venía agrietando desde hacía rato) no hubiese tenido más excusas, para caer de golpe.
Todavía tenías el estéreo con cds, y para variar, estaba sonando Charly.
No fue sólo el hecho de treparnos al árbol, o de que dialogar con vos desde ahí arriba hasta cruzar la madrugada me hacía sentir libre, tampoco el haber rodado por el pasto de la plaza como si tuvieramos seis años, ni haber cantado "a punto de caer" en la madrugada de un sábado, gritando a pulmón desde la ventanilla del auto, sintiendo el viento golpearnos la cara. No son esos momentos aislados, es el hecho de que estar al lado tuyo me generaba una adrenalina increíble, me hacía sentir única, capaz de ser yo misma.
¡Y yo que me sentía constantemente a punto de caer! Con mi vida enmarañada en miles de ovillos. Trepando, hablando, rodando, cantando, cada momento que pasaba al lado tuyo, me acercaba un poco más al precipicio.  "Piensalo otra vez entiende y ten valor, salta y sé feliz. Intenta, para qué fingir, no vale la pena" 
Y de alguna forma eso hicimos, porque cuando uno está a punto de caer tiene dos opciones: o retrocede intentando volver al mismo lugar de siempre, y continuar su vida con total normalidad o decide saltar hacia lo desconocido con la esperanza de no estar cayendo al vacío.
Y si digo que la música es mi mejor máquina del tiempo es porque yo estaba en un lugar a punto de caer y aunque te parezca extraño, desde que te conozco música es lo que me das.

jueves, 19 de marzo de 2015

Restos de café

Año nuevo, happy new year, y tantas cosas parecieran quedar adheridas a las luces de navidad, revoloteando fugazmente, a través de la ventana. Aún ahora, seguimos pretendiendo medir nuestras vidas, en un conteo interminable y promedial de alegrías y miserias. Como si uno pudiera juntar la felicidad en cajas, echarle una correa al hombro y sacarla a pasear.

Veo mi vida, como en una película. Me veo a mí, sentado en una butaca sucia, casi olvidada de suave terciopelo bordo. Y en ella estoy, mientras mi alrededor pareciera suceder en un tiempo fugaz, efímero e inalcanzable.

Cómo pude dejar que te fueras.
Pasan los años, las fiestas, se va diciembre y no dejo de preguntarme lo mismo. La misma escena haciendo cortocircuito en mi cabeza. Cómo pude permanecer inmóvil, ajeno, si mientras con la mano izquierda apenas alcanzaba las palomitas de maíz, podía ver por la rejilla del ojo, como te retorcías en tu asiento. Me miraste abatida, con tu mirada de derrotas mal jugadas.
Y sí, sé que te decepcioné, pudiste ver a través de semanas, lo decepcionante que puedo ser. Detrás de aquella chispa que te atraía, se escondía lo peor de mí, el resto del azúcar en el café, amontonado, repugnante y mío, totalmente mío.

Y me pregunto una y otra vez, si el que te decepcionó fui yo, o los yos que viste a través de la pantalla, la suma interminable y neurótica de todas mis partes. Y lo que creíste de mí, y todas esas malformaciones de pensamientos que se retorcían gloriosos en tu/mi cabeza, crecían y se ramificaban, en árboles infinitos.

Te fuiste así sin más, con esa arraigada costumbre de nunca mirar atrás, dejando esta estela putrefacta, este vacío de cosas sin decir.

 Qué ironía, pero estoy empezando a creer que el asesino pude haber sido yo, que mi escasa capacidad de adaptación, y mi eterno retorno al pasado pudo haberte dado una mala impresión. O tal vez fueron las medias mojadas, la espera en la plaza esa noche, el plato vacío.
Debo haber sido yo, que en vano me quedé inmóvil, creyéndote perdida, (como tantas otras batallas) y vos, esperando que me levantara, dijera algo heroico o te siguiera. Y yo, que con una mano sostenía las palomitas de maíz, y con la otra, apenas si me quedaban fuerzas para. 

martes, 16 de diciembre de 2014

Lo casi

Nos insulsa la certeza, lo concreto, lo preciso.
La risa sin vértices, estallándonos en la cara.
La canilla abierta que nos deshabita de lagañas.
Déjennos el malaliento, las palabras no dichas, nunca dichas (que no se vayan).
Que nos quede el descontento, la ecuación sin resolver, la mirada entreabierta, la página arrancada.
Que nos quede lo malquerido, lo malsano, lo maljugado.

Déjennos así, maltrechos, que nos llueva por la laringe tanta cosa atragantada.










miércoles, 12 de noviembre de 2014

a destiempo


Incomprensiblemente habías aparecido, como surgido de quien sabe qué vuelta de esquina. Enseguida te diste cuenta, que de alguna manera habíamos girado los relojes una vez más y yo también te miraba, como intentando entender.
El destiempo había estado presente en casi todos nuestros encuentros fugaces (nunca planeados) y esta vez, no podía ser la excepción. A destiempo todo, las palabras, la nostalgia, el abrazo puente hacia otros mundos, la vida azul, desamor y desencuentro.
A destiempo te quise, con una inocencia que asqueaba, a destiempo me buscaste, vaya uno a saber porqué insólito viraje, pero yo ya no estaba ahí, en la misma plaza, la misma hamaca, intacta.
Y ahora estamos otra vez a destiempo, vos de aquel lado del andén y yo de este, esperando un tren distinto que nos transporte a algún lugar

Inevitable la sonrisa, tal vez es el sentirnos un poco menos solos, el sabernos fugaces, insólitos, siempre tirados de los hilos. Sonrisa nostálgica que se pierde tras los transeúntes, sin tiempo para preguntarse qué esconde, se cuela entre las ventanas del tren.

domingo, 2 de noviembre de 2014

de lluvias

El agua caía, en un vómito interminable. Caía sobre las casas, sobre la plaza, sobre el banco, sobre vos y en consecuencia, sobre mí. Pero nosotros ya estábamos empapados desde hacía tiempo y tal vez por eso, ni siquiera nos movimos cuando la lluvia empezó.
Imposible describir la parsimonia de tus manos, hurgando en la búsqueda inconclusa de alguna palabra, alguna forma de decir aquello que creías guardado en lo más profundo. Nunca te lo dije, pero yo podía verlo sin que tengas que decirlo, se escapaba como un humo de tu boca, de tus manos, de todos tus poros, aunque te esforzaras tanto por parecer impenetrable.
Creo que esa tarde fue algo similar a nosotros mismos, empezamos siendo un día de sol, de esos en los que da gusto andar en bicicleta, pero en algún momento, te invité a sentarte y de a poco la lluvia empezó a mojarnos.
Miranos ahora, empapados hasta las palabras, pero aún así no nos movemos, porque moverse significa una acción, algo que genera otra cosa, algo así como un dominó interminable de consecuencias impensadas.
Vos seguís buscando en algún diccionario inexistente y yo con este miedo a cuestas, de escuchar lo que tengas para decir.
Mientras tanto, la lluvia nos empapa el alma, que quizás ya estaba empapada desde hacía ya tiempo.






sábado, 26 de julio de 2014

incomprensibles

Yo cuando te necesito, te necesito, pero me cuesta decírtelo así, tan directamente, con las palabras justas. Y menos por mensajito. Además hablar llorando por teléfono, no es mi estilo. Yo cuando lloro, canto canciones tristes, hago dibujitos en las esquinas de los papeles usados, lavo los platos, o busco en qué entretenerme. Cuando lloro no puedo hablar con otro, a menos que esté ahí de antemano, en el instante previo en el que se largó el chaparrón de llanto.

Por eso es que hoy te necesitaba, pero de verdad. Porque llorar con vos, es una de las mejores formas de atravesar el llanto, porque con vos el llanto es llanto bien llorado, sin necesidad de entendimiento apresurado, después el llanto es risa y abrazo y mocos en los buzos.
Pero como ves, no te puedo echar la culpa, porque yo no soy clara cuando te necesito, no te digo "veni" o te llamo desesperada. Mis formas de darte a entender son muy estúpidas, algo así como recibir de mí dos días seguidos algún mensajito para vernos y ahí se acaba la lista. Esa es mi incrédula forma de hacerte entender que te necesito. Después de tantos años, sigo teniendo ese tipo de conductas estúpidas.
Por eso, no te hago responsable, yo se que tenés tus cosas, como yo tengo las mías. Vos sos más clara que yo, por eso siempre salgo volando a tu encuentro. En cambio yo, en este terreno, soy un poco incomprensible.



lunes, 14 de julio de 2014

des-per-tar

El amanecer los encontraba desparramados, en un río de sábanas inconclusas. Los brazos y piernas existentes, sobresalían por rincones, respondiendo a una simetría incomprensible. Se abrazaban hasta quedar hechos un revoltijo, ahora sí eran ellos, los que eran cuando se encontraban.
Allí había algo perdido y algo ganado, esa era la satisfacción de saberse vencidos por el reloj, de que el mundo seguía girando a un ritmo lejano e inconcebible.
La caricia que se pierde de a poquito en tu sonrisa, trae consigo una oleada de cosas que no hacen falta decir, porque de decirlas, sonarían vacías de sentido. Mejor dejar que las palabras sigan indescifrables entre las sábanas inconclusas, los papeles de caramelos tirados en el piso, el murmullo lejano del vinilo que gira y la magia de sabernos así, tan nosotros mismos.
Que el mundo siga girando, al igual que las agujas, que yo hoy me quedo acá.


jueves, 10 de abril de 2014

Des-apercibir

Llegaste sin anunciarte, pasaste desapercibido, zigzagueando entre los días. Nunca golpeaste las ventanas, ni deshojaste mis libros, ya blancos de tanto esperarte. ¿Quién te ha visto pasar? ¿Quién te abrió la puerta? ¡Qué castigo me espera por no celebrarte!, ni palparte,  no desvestirte, desnudarte, olerte, por ignorarte ¿Acaso no soy la de antes? ¿Dónde sonaron tus campanadas de calesitas de plaza, de cafés en las tardes, de nostalgia intacta? ¿Dónde estaba yo?
No fui corriendo a buscarte, y ahora te siento, pero distante. Déjame entrar nuevamente, a tu mundo naranja-amarillo, remolino-calesita, viento-bufanda.

Otoño, ¿Quién te abrió la puerta sin avisarme?

miércoles, 26 de febrero de 2014

de Benedetti

Ese gran simulacro



Cada vez que nos dan clases de amnesia
como si nunca hubieran existido
los combustibles ojos del alma
o los labios de la pena huérfana
cada vez que nos dan clases de amnesia
y nos conminan a borrar
la ebriedad del sufrimiento
me convenzo de que mi región
no es la farándula de otros

en mi región hay calvarios de ausencia
muñones de porvenir/arrabales de duelo
pero también candores de mosqueta
pianos que arrancan lágrimas
cadáveres que miran aún desde sus huertos
nostalgias inmóviles en un pozo de otoño
sentimientos insoportablemente actuales
que se niegan a morir allá en lo oscuro

el olvido está tan lleno de memoria
que a veces no caben las remembranzas
y hay que tirar rencores por la borda

en el fondo el olvido es un gran simulacro
nadie sabe ni puede/ aunque quiera/ olvidar
un gran simulacro repleto de fantasmas
esos romeros que peregrinaran por el olvido
como si fuese El Camino de Santiago

el día o la noche en que el olvido estalle
salte en pedazos o crepite/
los recuerdos atroces y los de maravilla
quebrará los barrotes de fuego
arrastrarán por fin la verdad por el mundo
y esa verdad será que no hay olvido.

jueves, 23 de enero de 2014

de metamorfosis y calesitas

A veces me siento un quilombo, un enriedo, como ese color que se forma al mezclar todas las témperas y es por eso que a veces, me cuesta mucho saber cuál es mi verdadero color, cuál el punto de partida, cómo llegué aca y por qué.
Es como si empezara a conocerme recién ahora,  y no me gustara quien soy, o no lograra entenderlo. Perdoná que te arrastre en este torbellino que es mi mente, no lo hago intencionalmente, no me sale de otra manera. Siento que es inevitable llevarte conmigo porque sos en cierta forma parte de mí.
Al fin y al cabo, no me importa pasar este "redescubrimiento" mío, sé que seguramente es algo que tengo que atravesar, como esas cosas en la vida que en el momento no lográs entender, pero que te ayudan a crecer,  a conocerte otra vez. Pero hay algo de todo esto que me duele, y es ver como esta metamorfosis de mí misma, me hace lastimarte sin querer.
¿Sabés? A veces no tengo en claro quien soy, porqué digo lo que digo, porqué siento como siento y en todo ese torbellino de colores y escaleras que parecieran guiar a ninguna parte, creeme si te digo que sos lo único tangible para mí.
No me malinterpretes, esto no es una forma de pedirte perdón (porque ya lo hice tantas veces que no se si sirve), o de defender mis explicaciones (que últimamente no tienen defensa), sólo es una forma de hacerte saber que mi vida de calesita sólo es realmente vida cuando vos estás subido a algún caballo o dinosaurio volador, sonriendo al lado mío; haciéndome sentir que no estoy sola en esta y que siempre vale la pena dar aunque sea, una vuelta más.



lunes, 23 de diciembre de 2013

a flor de agua

Talita se corrió un poco en la cama y se apoyó contra Traveler. Sabía que estaba otra vez de su lado, que no se había ahogado, que él la estaba sosteniendo a flor de agua y que en el fondo era una lástima, una maravillosa lástima. Los dos lo sintieron en el mismo instante, y resbalaron el uno hacia el otro como para caer en ellos mismos, en la tierra común donde las palabras y las caricias y las bocas los envolvían como la circunferencia al círculo, esas metáforas tranquilizadoras, esa vieja tristeza satisfecha de volver a ser el de siempre, de continuar, de mantenerse a flote contra viento y marea, contra el llamado y la caída.

Capítulo 54

martes, 3 de diciembre de 2013

De otras vidas

PLAY

Y un día, sin muchas vueltas te fuiste a volar otros cielos, y me dejaste a la deriva, sin saber como hacer para no tambalear en cada paso que daba. Y todavía estoy así, con millones de dudas dándome vueltas, o tal vez sólo una, y un par de manitos que me piden upa. ¿Sabés? A veces pareciera que este vacío pesa tanto, que caigo en un pozo del cual cuesta mucho salir, pero él se acerca despacito y me ayuda a levantar vuelo, otra vez.
¿Por qué será que la calesita gira y nunca nos deja en el mismo lugar en el que subimos? Te extraño tanto. No te encuentro en las canciones, ni en todas las plazas que recorrimos, y aunque ponga siempre los mismos discos, aunque me eche a rodar en el pasto todos los agostos, ya no es lo mismo.
Existe un vacío tan grande que siento que lo que respiro es como plástico, algo artificial que me asfixia. Me dejaste a la deriva, y no te lo puedo perdonar, porque me habías prometido algo distinto, yo no quise creerte al principio, porque sabía que estas cosas pasan, que ciertas cosas no pueden ser tan mágicas (sé que no es tu culpa, perdoname, pero es tan triste verlo crecer sin vos). Le di una foto tuya, y la pone debajo de la almohada cada vez que se va a dormir, a veces le susurra cosas, mientras cree que no lo veo, te cuenta cosas, y a mi me dan ganas de llorar y sonreir al mismo tiempo, como esos arcoiris de los que hablaba Benedetti, de los cuales siempre te gustaba escuchar de mi boca, en esos días en los que ponías la cabeza sobre mis piernas para escucharme y yo hacía dibujos con mis dedos en tu pelo, mientras recitaba palabras que recordaba o te cantaba pedacitos de canciones que venían a mí de quién sabe que recovecos.

Hay algo que me atormenta más que nada, y es el miedo a olvidarte. No lo creía posible, ¿sabés? me sentía tan invencible teniendote tan vivo en mi recuerdo. Pero fui un poco ilusa, siento que algunas cosas se me borran, se me escapan, y no puedo reconstruirlas. No me bastan todas tus fotos, ni los videos, ni todas nuestras conversaciones, hay algo que no se puede guardar en ningún tipo de maquinaria. ¡Estábamos  tan equivocados! El instante que guardan las fotografías, es un instante incompleto, algo inacabado, los olores, la música, las sensaciones, las agregamos nosotros, cuando las vemos, pero yo ya no puedo, me quedé vacía.

Hay algo, que nos llevamos cuando nos vamos, algo que es imposible de recrear. Pero hay cosas que sí quedan, como memorias en todo lo que fuimos, memorias que advierto cuando estoy batiendo un café, cuando me da fiaca levantame y escucho la lluvia caer mientras estoy acostada o en los momentos en que me río, y no entiendo muy bien por qué. Hay algo en los tostados de queso, en las personas diciendo mi nombre, en las luces y sombras de las fotografías, la magia de escuchar bicicleta, de cantar Nina Simone, de jugar con nuestro hijo o escribir, de saber que estás conmigo, cada vez que entro a un aula llena de niños, y cuando me quedo horas y horas frente al río. Algo en esas cosas que me hacen sentir bien, aún cuando estoy a punto de caer.

Hay un lugar en donde no me dejas olvidarte, y es ahí, cuando tiene una pesadilla y viene a dormir conmigo, mientras se acurruca al lado mío lo veo y te veo, en ese gesto que hacías, mientras me mirabas, antes de abrazarme y dormirte al lado mío.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Sinsentidos

Me dicen que aprenda a pensar por mí misma
que tenga una mente crítica
que no diga que si a todo lo que me dicen
que escuche y razone
que no crea todo en todo lo que veo
que tenga una mirada crítica
que piense lo que digo
que construya mi propia subjetividad
que eso me va a hacer crecer
me va a hacer una persona pensante
con ideas propias y claras
que puedan ser discutidas
y cambiadas si llegase a creerlas
en algún momento incorrectas.

Pero cuando digo verdaderamente lo que pienso y no asiento con la cabeza, se ofende y no quiere discutir (que discutir no es pelear), charlar, intercambiar ideas y pensamientos, razones y fundamentos, puntos de vista. No para ver quien tiene razón y quién no, ni quién es mejor y quién peor, sino simplemente para aprender a valorarnos como personas, aunque discrepemos en algún tema o situación.

Que triste.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Desbordes

Que será de lo que creí ser, instantes como marionetas, hilo por hilo, del otro lado del espejo. Girar y ver las luces encendiéndose a mi paso, girar y ver las luces, una y otra vez.
Volví a tener seis años, me reí por los agujeros entre mis dientes. Vomité mi risa en cada esquina, cada mirada, cada pedacito de lo que recordaba. Vomité mi risa con asco, con sudor y pálpitos. Quedé vacía y muda, desolada ante el mundo de cartón que edificaba mi memoria.



lunes, 23 de septiembre de 2013

café

Todo concluye en eso-pensó
Girar la cucharita del café sin gracia, y dejar salir ciertas palabras, que desde tu territorio siempre suenan a despedida.

sábado, 10 de agosto de 2013

dejarse

Espejo de lo que no soy, claustrofóbica sensación, de caer cada día un poco más en agujeros negros/Dónde habré dejado abandonadas, tantas partes de mí, ocultas de alguna forma, en algún espacio que olvidé barrer/¿Acaso me fui dejando de a poco, en cada persona, en cada instante de magia?/abandono/Me fui yendo a través de mis dedos, blancos ahora, testigos que cuentan, quién fui alguna vez.




martes, 6 de agosto de 2013

bicicletearse el alma

días de bicicletas
y de sonrisas tan lindas
que a uno le dan ganas
de lanzarse un chapuzón en ellas.

Hay que repleantear
(seriamente y no tanto)
lo necesario que es
bicicletearse el alma
de vez en cuando



jueves, 1 de agosto de 2013

Quereres ajenos

Como si te hubiese robado una chance, una puerta, algo que no era ni mío ni tuyo, pero que sin querer era un poco de ambos. No quise llevarme conmigo a los que éramos, esa conjunción mágica de instantes poco retratados al que llamábamos juventud, perdoname. En ese entonces, no entendía lo enredados que ya estábamos, no me di cuenta, o me di cuenta después que es un poco lo mismo.
Ya no sé en que idioma vomitarlo, pero ¿de qué serviría? si nuestro único lenguaje se compuso siempre de miradas inconclusas, de transportes públicos, y abrazos de más.

Es esa sensación casi tangible, de nunca volver atrás, la misma sensación, que tuve hace tiempo, cuando en un descuido rompí la cajita de música, (¿te acordás?) incluso después de pegarla, realmente parecía intacta, pero ya no sonaba, estaba muerta, embalsamada.
¿Nos maté de a poco?
¿Acaso fui yo el desagradable motivo que nos enmudeció?
Porque así es como me veo ahora, oculta en el mismo jardín, mirándonos desde la misma ventana, pero esta vez, estamos inmóviles y en un silencio desgarrador, como estatuas.

Yo sé que pedirte perdón, es un poco cagarme en vos, no te enojes, pero no me sale de otra forma. Así te quise invariablemente, un poco mal, un poco a mi manera, que no siempre fue la mejor.

sábado, 22 de junio de 2013