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jueves, 28 de junio de 2012

Podemos jugar a que todo sigue igual.
Pero quieras o no, el lobo está entre nosotros.

lunes, 25 de junio de 2012

Transición

Existen viajes que empiezan cuando uno no presta atención, porque no hay valijas ni puertos (ni puertas.)

Uno se cuela en la rueda de una bicicleta, y pasa una temporada de verano, dando vueltas y vueltas, girando y dejándose transitar.

Mientras, el sol te entibia de a poco, y te vuelve cromático, mientras rodás en el pasto, siendo rueda, persona, rueda, pasto, persona, sol, rueda, pasto.

Uno no sabe cuando terminan esos viajes, cómo tampoco sabe como empezaron.

Y a veces una soga adentro nuestro se anuda.

Porque no entendemos ciertas cosas.

Y de repente te vés a vos mismo, con un sueter demasiado grande, un bufanda demasiado larga y una taza de café haciéndote de guante, en un rinconcito del piso, pensando.

Mientras, por la ventana un cuadro gris, una lucha entre vientos y tormentas, y árboles que no saben para dónde salir escapando.

Un dedo aprieta "play" y el lugar se comienza a inundar, de a poco.

Por unos minutos nos ahogamos.

En nosotros mismos.

No se si eso desajusta el nudo o no.

Se siente un poco peor.

Y un poco mejor.




viernes, 22 de junio de 2012

Memorias (y desmemorias) 1


Gonzalo

Cuando volvía de la escuela, (casi en una ritual silencioso) tomaba el colectivo en la esquina, justo en la esquina, la misma esquina todas las tardes. No me molestaba, algo tienen las esquinas, esa cosa inconclusa, que me atrapa, y me deja pensando.
El colectivo, era mi vía de escape, me permitía dar vueltas y vueltas por aquel laberinto que es mi ciudad.
Solía vislumbrar a los edificios como los señores del lugar, abriendo camino a su paso, resaltando sus fachadas con la claridad del sol, y esperando, siempre en silencio. Esperando.
Seguramente sentían el paso del tiempo en cada una de sus paredes, en cada ladrillo, ventana  o balcón.
Esperando. Siempre solemnes, con inmutable presencia ante el derrumbe de colegas, el nacimiento de otros, cada vez más apretujados, cada vez con menos espacio, menos aire.
Algunos con altura sublime, con la capacidad de exhibir su detallada corteza al mundo, otros pequeños clones, creaciones de apuro, útiles en escasos momentos.
En mi viaje porteño, los que más me atraían (y atraen), son los edificios y construcciones atemporales, aquellas que parecen estar en un sitio equivocado, en el tiempo erróneo.
Me fascina el detalle de sus balcones y ventanas, todas con aquel aire misterioso, que invita a dejarse llevar a otra época.
Pero al fin y al cabo, todos esperan, como pasajeros en el anden de un tren, que no se sabe con exactitud el destino.
Esperan imponentes y en silencio (siempre en silencio), el momento en el cual, la mano que los creó, decida arrancarlos de ese triste papel de espectadores, observando los fracasos y desprogresos de una civilización que pareciera avanzar hacia atrás, retrocediendo casilleros, ante cada decisión de seguir adelante.
Esperando, siempre en silencio, imponentes.
Esperando.

martes, 19 de junio de 2012

El círculo (lomográfico)















Tome prestados
algunos videos,
una linda letra de canción,
algunos acordes,
y una guitarra...

Y de esa ensalada de cosas,
surgió este loco círculo lomográfico

Que lo disfruten

viernes, 15 de junio de 2012

Bocas que se abren y cierran sin decir nada.
La corteza cae, y todo se vuelve vulnerable. 
Caer en un mismo vaivén, el de las miradas mudas que vienen y se van.
Hay algo ínfimo en la observación pasiva, el estar y no estar, hay algo en esa sutil diferencia, que perturba.
Hay algo que ahoga, un nudo que oprime y no suelta.
Un nudo hecho de cosas que nunca se dicen.




Dichos II

Decir que no, es fácil.
No se corren grandes riesgos.
No se tienen que enfrentar realidades desconocidas.
Decir que no es la solución contra todo cambio.
Nos da seguridad, constancia, nos vuelve invencibles, intocables, indestructibles.

Decir que sí, es un problema.
Es un torbellino de puertas que se deciden a abrir o a cerrar.
Decir que sí, es la mosca en la sopa de todo ser cómodo.
¿Acaso alguien se detiene a pensar en lo que se arriesga con un sí?
Decir que sí es un dolor de cabeza.
Incertidumbre contínua que incomoda, descoloca, avergüenza.
Decir que sí es dejar las cómodas 4 paredes del no, para adentrarse a un norte indefinido.

Uno sabe que al decir que sí puede perder mucho.
¿Será eso lo que lo vuelve irresistible?
¿La incertidumbre de tener todo por perder, pero también todo por ganar?

Decir que sí, nos vuelve frágiles, nos asusta, nos induce a riesgos, nos vuelve blanco de batalla.
Genera expectativa ante lo desconocido, ante lo que podemos lograr, con arriesgarnos, aunque sea una vez.

Nos hace dar cuenta de que tenemos que elegir,
entre vivir, o dejarnos estar.




jueves, 14 de junio de 2012

Dichos

Alguien me dice que no hable en voz alta
Que no pise el césped.
Que me peine.

Alguien me mira mal por usar ropa "out"
Otro me obliga a bajarme la capucha
Alguien me dice como tengo que vivir
Qué es lo realmente importante.

Ese me dice que tengo que ser feliz, que TENGO que ser feliz,
después dice que no llore, que tengo que ser fuerte,
(mas bien que tengo que aparentar ser fuerte mientras me resquebrajo por dentro)

Que sea más como Juan, más como Pedro, un poco como Natalia y por qué no como Lucía.
Obviamente, también dice que siempre DEBO ser auténtica.

Que ordene mi cuarto, que ordene mis proyectos, que ordene mis prioridades.
Que me ordene básicamente.
¿Según el orden de quién? 

Alguien desde una pantalla me dice qué tengo que hacer para ser feliz, para tener una vida mejor, para ser más aceptada, la más limpia en el hogar, la mas eficiente en el trabajo, la más interesante entre los amigos, la más respetada en la familia.
LA MÁS.

Alguien me dice que no pierda tiempo,
que compre ya
que llame ya
que encargue ya,
que YA deje de pensar.

Alguien me dice que no esta bien lo que hago.
Que no se lo que quiero, que así no voy a llegar a ningún lado, que para llegar a algún lado claro está, que debo creer que lo que hago es lo que quiero, y no preocuparme, conformarme.

Alguien me dice que el amor es personitas juntas las 24 horas del día hablando de felicidad y repitiendo frases como "corta vos, no corta vos"
También me dicen que el amor no existe. Y que hay que cortar con tanta dulzura.
 
Alguien me dice que me va a hacer feliz, que lo necesito que sin él no soy nadie, que nunca voy a encontrar a alguien así. Me dice que estudiar, a quien amar, cuántos hijos tener.

Alguien me dijo que nunca me iba a abandonar, que siempre iba a estar, que me iba a hamacar más fuerte.
Me dijieron que siempre es la verdad ante todo, que no esta bien mentir engañar, pero que vivir una vida basada en falsedades, es dentro de todo aceptable.

Alguien me dice que libros leer, que música escuchar, que ropa debo vestir, que frases decir
.
Alguien me dice que no los escuche, que no les haga caso, que no los vea. Pero que claramente, haga lo que me dice.

Alguien me dice que todo lo que hago está bien.
Alguien me dice que todo lo que hago está mal.


Alguien no me dice nada.


Y abre una puerta.





lunes, 11 de junio de 2012

¿Alguna vez te sentiste descartable?

No como envase de plástico, como cáscara de naranja, como botellita de vidrio, en cierto punto reciclable.

Descartable.
Como bolsa de plástico del supermercado.
Vacía y volátil.
Esas bolsas en las que nadie guarda regalos.
Bolsas destinadas al tachito de basura del baño.
A la caca del perro.
A los pañales del nene.
A las hojas sucias de la calle.
A la yerba del mate que ya no tiene más sabor.

A esas cosas que nadie quiere, pero todos tienen.
(A algún lugar, tienen que ir a parar.)

Todos las usan y necesitan.
Pero nadie las quiere realmente.
Vacías, volátiles, in-orgánicas, muertas.

Descartables.


viernes, 8 de junio de 2012

No quiero que me des nada
No quiero tu tiempo contado
No quiero tu incondicionalidad.
La creencia que somos piezas incompletas
con el único fin de ir buscando otras piezas incompletas.
No la quiero.
Quiero que para completarte
No dependas totalmente de mi
No dependas totalmente de nadie.
Que no dejes de hacer lo que amas.
Que tengas nuevos horizontes, que te arriesgues
Como yo me quiero arriesgar, sin preocupaciones,
sin mensajes a toda hora.
Claro que quiero que me extrañes,
todos queremos ser extrañados
todos queremos creer que alguien nos piensa.
Pero no quiero que me necesites,
No quiero dependencia, no la quiero.
No me prometas un futuro
que ni vos ni yo conocemos.
Quiero estar a la deriva
Que me grites en la cara
lo que me quieras decir
No te lo guardes, por favor
No agaches la cabeza y digas que sí
"Que está bien, que es lo que tenés que hacer"
No te conformes
Quiero que te vacíes, de tanta bronca
Gritemos juntos, pataleemos, saquémosnos la lengua.
Y desarmémosnos de la risa.
Quiero caminar junto a vos, hoy.

Y salir a la vereda
Y que la vida nos traspase volando
Y nos haga un hilito fino y de colores
colores revoloteando en el viento,
la cola de un barrilete que se fuga.


Y nos lleva.





miércoles, 6 de junio de 2012

no hay muerte si no hay olvido

Cuando a la muerte no se la toca, no se la siente, ni se la huele.
Cuando la muerte no se cuela por nuestras retinas.
Se torna sumamente extraña.

A veces uno puede no encontrarla, aunque la busque entre fotos grises, o en esquinas de encuentro, en saquitos de café y tazas, y bufandas.
Yo creo que no se la encuentra, porque el recuerdo, no nos avisa que alguien ya no está.
Porque la sonrisa en las fotos, los abrazos en las esquinas, las noches de insomnio y café, y tazas, porque las bufandas compartidas, nos recuerdan vida, no muerte, ni olvido.

Porque cuando uno tiene un libro viejo, y lo puede oler, y lo puede tocar y sentir, porque cuando uno se deja enredar por palabras hermosas e intrigantes, no piensa en la muerte.
Porque cada vez que ese libro se abrió (tal vez en otras manos y otras pieles), y cada vez que ese libro se abre se siente vida.
Vida y magia en todas las galaxias, las caminatas a la noche, los tatuajes que de tan reales, viven, en todas las sirenas que llaman, y en todos los que responden desde las profundidades, en cada vez que nos preguntamos si somos felices, en cada vez que nos sentimos agobiados de tanto aparato, en todos árboles que florecen en lugares impensados, en cada hamaca y cada cohete, en cada anciana tratando de engañar a la muerte, en cada libro quemado..

En cada vez que nos damos cuenta, que el recuerdo es vida.
En cada vez que nos desenchufamos de tanta tecnología, y recordamos respirar.
En cada vez que comprendemos que somos una imposibilidad en un universo imposible, y que vale la pena vivir un día más.

lunes, 4 de junio de 2012

¿Hasta que punto?

Creo en el cambio,
creo que todo está,
en constante renovación,
en continuo tire y afloje,
en el traspaso,
de otoño a invierno,
de primavera a verano.
Y nosotros no podemos
estar exentos a eso,
el mundo se mueve,
y nos afecta,
y se muere y se nace,
y surge y se respira,
y estamos en sincronia
con todo y todos,
en incesante transformación.


Pero..


¿Cuál es el límite en que cambiar, es olvidar?

¿Hasta que punto cambiar es destrozar?

¿Despedazar?

¿Arrinconar lo que fuimos?



¿Hasta que punto es, dar media vuelta y correr?

(arrastrándolo todo)





¿Hasta que punto?


viernes, 1 de junio de 2012

¿De que sirve que sea invierno, si estás tan abrigado, como para poder sentirlo, en tu nariz y en tus rodillas.
De que sirve, caminar en otoño, si nunca retrocediste media cuadra para levantar la hoja caída.
De que sirven las témperas y los acrilicos, si jamás pintaste con las manos, con las rodillas, con la nariz y la sonrisa, para volverte monstruo-cromático, sin la dependencia absoluta de un pincel.
De que sirve jugar a la escondida, si nunca sentiste la adrenalina de sentirte invisible delante de alguien.
De que sirve que escapes, si no te cuestionaste aunque sea una vez, que no sabías ya de que estabas huyendo.
De que sirve la música, si nunca logró convertirte, en sabor, en color, en olor, en otra persona, en un momento.
De que sirve subirse a un colectivo, si nunca experimentaste el perderte y encontrar nuevos sitios.
De que sirve llenar un álbum, si nunca pasaste recreos enteros intercambiando "lates" por "nolas", en una especie de mafia del papel adhesivo.
De que sirve saber que las estrellas son masas de gases, principalmente hidrógeno y helio, que emiten luz, si  no pudiste creer que guardan un misterio mucho más grande.
De que sirve estar a milimetros de alguien, si nunca sentiste irremediables ganas de dejar que todo fluya, sin importar consecuencias, ni prejuicios.
De que sirve hacerse el indiferente, si en el fondo, extrañás de más.
De que sirve callar, si en verdad, estás lleno de voces con ansias de salir.
De que sirve seguir, si nunca sentiste que estabas engañándote.
De que sirve jugarse por algo o alguien, si nunca te planteaste que no estabas seguro de lo que hacías.

De que sirve?

miércoles, 30 de mayo de 2012

Algo

Hay algo en el aire,
que logra traspasar
todo muro levantado
toda membrana conocida
todo límite establecido.
Que despierta despacito
y levanta vuelo,
hacia nosotros
y desde nosotros.

Hay algo que se cuela en cada partícula, y en cada ser.
Una especie de música cromática que transporta, lejos y cerca.

Que hace sonreir, respirar hondo, y sentir el aroma del mundo.
Algo con la tibieza de un abrazo y la fuerza de un huracán,
que rompe de a poco nuestros cánones establecidos,
reglas baratas e insulsas.

Que des - arma,
para volver a armar,
que cose y descose,
que escribe y borra,
y vueve a escribir.

Hay algo en el aire
que está pidiendo,
a gritos de ventisca
que dejemos de aparentar
lo que todos pretenden de nosotros.

Para sucumbir a lo que fuimos
para confrontar lo que somos
para romper y crear
para morir y nacer
y así comenzar
a ser.








(Aufheben)

lunes, 28 de mayo de 2012

Mentir

engañar

huir

cortar

gritar

desgarrar

romper

pisar

anudar

callar

enredar

confundir

lastimar

deshilachar

descoser

rayar

tachar.



Es fácil.










viernes, 25 de mayo de 2012

des-acorde

Baje del colectivo.
Y lo ví.
Estaba sentado en un banco de plaza.
Una guitarra estaba apoyada en sus rodillas, no logré distinguir si era criolla o acústica.
Mientras caminaba a la estación, me saqué los auriculares.
Realmente quería escuchar lo que tenía esa guitarra por decir.
Pero no escuche nada.
Algo estaba andando mal.
Lo miré, y me estaba mirando.
(Entre los dos, no completábamos una sonrisa.)
Seguí caminando.
Lo volví a mirar.
Estaba mirando.
Quise pedirle una canción, una melodía, un simple acorde, un solo, un misero punteo, ALGO!
Algo que me hiciera sentir menos vacía, menos enredada, menos confundida, menos.

Nada.

Un vacío silencioso se había apoderado de la plaza, de la guitarra y de mí.
Me di vuelta una última vez, y ahí estaba.
Era ya una mancha pequeña en la periferia de mi visión.
Aún asi, pude darme cuenta, de que ahí estaba.
Mirándome.
Tal vez, el efecto también lo había atrapado.
Tal vez, él también se había quedado mudo.

Y vacío.

Como la plaza.
Como la guitarra.
Como yo.






martes, 22 de mayo de 2012

Correr

No para llegar a un lugar,
ni porque estés apurado,
no porque estés escapando.

Correr.
Sin horarios y sin días.
Sin cronómetros,
sin el peso de una mochila.

Correr.
Sin celular.
Sin wi-fi.
Sin facebook.

Correr.
Con lluvia y barro,
con sol y viento,
con hojas de otoño.

Correr
con el corazón acelerado,
con los pulmones asfixiados,
con las piernas hechas garabatos.

Correr
sin multitudes ruidosas
sin autos, ni nafta.
Correr sin inflación.

Correr sin prejuicios
de piel,
religión,
sexo,
o edad.

Correr siendo
niño,
anciano,
joven,
adolescente,
o adulto.

Correr
Junto a los caballos salvajes,
a la brisa mojada,
entre kilómetros y kilómetros de nada
que de tanto ser nada,
lo es todo.

Correr
dejando de ser
suegro,
vecino,
primo,
madre,
o pareja
de alguien.

Correr.
En agosto o en enero
En invierno o primavera
Feriados y martes.

Correr y sentirte parte del viento.


Correr

y volverte

pensamiento,

néctar,
 
pluma,

cartílago,

migración,

barro,

clorofila,

sudor,

lluvia,

suspiro,

vuelo.













domingo, 20 de mayo de 2012

El viajero atrapado en el tiempo.

Chiche le decían.
Nunca supe cual era el nombre que derivó en esas 6 letras.
El nombre que debía estar en su documento, ese que eligió su madre, su padre, que fue resultado de una larga investigación, o de un simple gusto lindo.
Nunca lo supe.

Chiche vivía enfrente de la casa de la esquina, en realidad, enfrente de una de las caras de la casa de la esquina.
En la casa de la esquina, vive mi abuela.
De todos los recuerdos que se relacionan con esa casa, habita chiche.
Chiche gritando,
Chiche llorando,
o Chiche observando desde su silla, puesta de espaldas a su casa, con los ojos hacia adelante, hacia donde siempre quiso ir, y no pudo.

Cuando era chica le tenía miedo.
De más grande supe que chiche, era un viajero del tiempo, que se había quedado perdido entre los años.
Era grande de unos 50 años, de pelo canoso, flaaaaco y alto.
Pero si lo mirabas con detenimiento, Chiche, era sólo un niño, un niño triste y asustado, al que nunca le habían abierto la puerta para ir a jugar.

Según mi abuela, de joven, se hablaba con el Raúl y la Liliana, y se pasaba algunas tardes con el Raulito y la guitarra, tocando notas de hace algún tiempo.

Un día ví a Chiche barriendo la calle, pidiéndole a las bolsas de plástico que se corran de su camino, enojándose con ellas, al no cumplir. También supe de la vez que salió corriendo, semi-desnudo, tras una muchacha que pasaba por ahí.

Lo más triste fue enterarme de la razón del quedar atrapado en su cápsula temporal.
En algún época, en su juventud, Chiche se había atrevido a amar, a amar de verdad y cuando uno se arriesga a amar, abre la puerta a todo lo que vendrá.
Su madre, no lo aceptó, y cerró para siempre esa puerta, guardando la llave, en alguno de sus bolsillos más oscuros.

No se si Chiche peleó por su amor, o simplemente se dejó caer.
Sí se que desde ese entonces, fue cayendo encerrado en una nave, a través del espacio, un nuevo capitán Beto, atravesando el espacio-tiempo, en un otoño eterno.

Un día, fui de visita  la casa de la esquina, y mientras la Zulema me abría la puerta, él me vió, sentado en su silla de afuera.
Me vió y me gritó.
Mi abuela, no logró entenderlo.
Pero yo sí.
Yo sí le entendí.
Me gritó:
-Liliana!-

Y ahí entendí, realmente entendí.
Chiche había quedado encerrado, en un mundo, en el que yo, ya no era yo, sino que era ella, mi madre.
Era Lilianita, que lo saludaba desde su casa, cuando Chiche era aquel joven, cuando Chiche tocaba la guitarra con Raúl, cuando Chiche podía distinguir los aromas, y los rostros, y podía sentir profundo cariño hacia alguien, sin que nadie se lo impidiese.

Un vació fue creciendo en mí desde ese momento, una nostalgia por alguien a quien no conocía, por alguien a quién el amor le fue arrebatado, y no se atrevió a luchar, una impotencia inmensa, por los actos de su propia progenitora, que lo encerraba, no sólo entre las rejas de la casa, sino que lo encerraba cada vez más en sí mismo.

Ayer, me enteré que Chiche, continuó su viaje, hacia otros mundos.

Y aunque tal vez mi abuela pretenda convencerse, que ya no habrá mas gritos ni líos.

Sé que algo le faltará a esa esquina de esa calle.

Un enriedo de griteríos y bolsas de plástico,
de naves y nostalgias,
de ojos que miran y buscan,
mientras las manos que tocan la guitarra se atrofian, o se olvidan,
mientras lo castaño se vuelve canoso,
y viceversa.

martes, 15 de mayo de 2012

No todos los días, uno escucha  a una nena de trenzas rubias, relatar un partido de futbol, mientras patea una pelota de colores.

No todos los días, uno ve a una chica, hamacarse con muchas ganas, mientras le grita a la luna, que la va a alcanzar.

No todos los días, una niña, se te acerca corriendo, se sienta (después de mucho esfuerzo) en la hamaca al lado tuyo, y con las piernitas colgando, te cuenta como el papá la hamaca fuerte fuerte, y te muestra, nuevas técnicas para sonarse los mocos.

No todos los días, uno puede sentir el nacimiento de un abismo, que se vuelve gigante, infinito y silencioso.

No todos los días, uno puede estar tan cerca y tan lejos de alguien.

Cuando me senté en la hamaca, me daba el sol de espalda, una nena me hablaba, y el pasto se movía, interceptando el camino de las homigas.

Y sin embargo, cuando me levanté, el sol ya no estaba, la nena se había ido a tomar la leche, y yo ya me había vaciado.

Me escondí debajo de la bufanda, para cuidar las pocas palabras que me quedaban.

Y empecé a caminar.

lunes, 14 de mayo de 2012

No creo en el amor que necesita sufrimiento, que sobrevive de celos y reproches, de mentiras.
No confío en el amor que necesita de constantes flores, o bombones.
Ni del que es sólo manos y ojos, y se olvida de los oídos y las palabras.
No creo en el amor eterno, porque ni siquiera sabemos, que va a pasar mañana.
No acepto el amor que no se juegue, que no arriesgue, que se quede comodamente sentado en el sillón.
No entiendo a aquel que pretende ser igual a través de los años, cuando a nuestro alrededor todo está en constante cambio, no podemos simplemente cerrar los ojos, y creer que cambiar es errado.
No creo que sea algo con fechas y almanaques, y relojes constantes.
Ni con centimétros o reglas, midiéndo cuánto creció, cuanto decayó.
Me cuesta darle confianza, al amor que huye al conflicto, bajando la cabeza y asintiendo.
Ya que muchas cosas buenas, surgen del conflicto.
No creo que el amor, se limite a dos cuerpos, a dos mentes, a dos.
Creo que es algo que abarca mucho más de lo que dos pueden contener.
No creo en el amor que se conforma.
Y deja de ser amor.

domingo, 13 de mayo de 2012

De la tierra al cielo

Como jugando a la rayuela me pierdo en veredas-escaleras, subiendo y bajando, y cayendo.
En esquinas borrosas de carboncillo, que no dejan distinguir los rostros, que ya son lineas, muy delgadas, que ya no son nada.
Entre piernas de tiza gastada, que van y que vuelven, que no saben a donde vamos, ni siquiera a donde estamos.

Despacio caen las piedras, agujereando techos ajenos, pequeñas y gruesas capas de ozono, cubriendo como sombreros,ideas conformistas.
Despacio caen las piedras, en diacronía con el tiempo establecido,
enfrentando cabeza y sentir, actuar y tiempo, causa y efecto.

La calesita sigue girando, entre tantas palabras desajustadas
entre tazas de cafe olvidadas, entre nostalgias, por nunca abrir la puerta.

Y las piedras siguen cayendo, del cielo a la tierra.
Y las risas siguen cavando, de la tierra al cielo.

viernes, 11 de mayo de 2012

Controversias de la lluvia

Que llueva,
pero lluvia lluvia,
lluvia con tormenta,
lluvia con viento de antemano,
lluvia con caras mojadas,
zapatillas embarradas,
cabezas con o sin capuchas.

Lluvia con ventanas y gotas
gotas que resbalan a la par de uno,
que está siempre a punto de resbalar/rebalsar.

Lluvia con bufandas y películas
O con té y páginas marcadas,
ya amarillas y olvidadas de hace tiempo.
Lluvia con calesitas que giran
y que no importa ya que paren o no
mientras sea bajo este azul mojado
por el que nadie nota si esta lluvia es del cielo,
o es de uno, que ya no puede retenerla.

Lluvia que es máquina del tiempo y es abuelos, meriendas,
tortas fritas y canciones, lenguas afuera, bolsillos con cartas y generalas.

Lluvia que es volver a tener 6 años,
Que es mamá trayendo crayones, velas y sonrisas.
Lluvia que es hermanos y plasticolas de colores en hojas blancas
que se doblan a la mitad y forman figuras imposibles.

Lluvia que es nostalgia y risa

Que es olor a madera,
Lluvia, que nos hace subir a los altillos a cerrar ventanas
y nos re-encuentra con los nosotros que dejamos en uno o varios estantes.

Lluvia que es acorde, y cuerda contra cuerda
y voz derrotada, y canción que arrastra consigo espiral de nudos apretados.

Lluvia de esa que vuelve lo verde salvaje
que impregna la tierra, que le da vida
y que hace que respiremos hondo
y nos creamos capaces de germinar.

Lluvia que apaga las luces
y hace saltar la corriente
y nos deja des-conectados de tanta cosa amorfa,
ensimismados con las llamas de las velas y las historias de terror.

Lluvia que también es arrasadora
y acaba con los techos, las paredes y los candados
Lluvia que crea desesperanza y tristeza y termina
en un balde/tacho/vaso.

Lluvia que es grito
pero grito desde las entrañas
grito con palabras que no sabíamos que conocíamos
y que de tanto que es grito, también es alivio.

No esta lluvia, que no es lluvia ni es sol,
no esta indesición,
irresolución,
vacilación,
duda,
titubeo,
perplejidad,
inseguridad,
dilema,
confusión.

No esta lluvia, ni mojada ni seca,
incertidumbre húmeda, que confunde.

No esta lluvia que no me toca,
que se evapora antes de llegar a mi
que me incomoda, me fastidia, me desarma.

No esta lluvia
que no logra
compaginarse
con la
lluvia
que
hay
en
mi.

lunes, 7 de mayo de 2012

Hay alguien

hay alguien que está gritando



gritando!



hay alguien que está gritando!


¿De donde viene?

alguien grita!



¿Escuchás?


Hay alguien que está gritando










Dentro tuyo.

viernes, 4 de mayo de 2012

mapas





















































































Qué habrán visto esas pupilas en tantas otras vidas, que los recuerdos les quedaron grabados en la retina.


Qué tormentas habrás pasado, que los truenos logran 


des - armar




[de una] 
todas tus piezas de gata distante y fría, meticulosamente apiladas, luego de tantas batallas perdidas.






Vaya uno a saber que triste recuerdo, te obliga a salir huyendo, y a hacerte un bollito.


 














Contra el sillón.

jueves, 3 de mayo de 2012

Agujeros negros de hoy en día

A veces somos siluetas de aparente cartón.
Siluetas que caminan pero no avanzan.
Que hablan, pero no dicen nada.
Siluetas.
Uno no puede ver a través de una silueta, como no se puede ver a través del cartón, de algo opaco y sin vida.
Entonces no nos podemos dar cuenta, no podemos saber a simple vista.
A veces en el pecho de las aparentes siluetas, aparece un punto negro, insignificante, una pequeña molestia en medio de tanta rutina.
Hasta que ese puntito termina siendo un agujero negro que nos va absorbiendo de a poco, pidiendo más de nosotros.
Este agujero, infinito y atemorizante, nos exige, sediento, arrebata lo mejor y lo peor de nosotros.
Pensamos que dándole lo que nos pide, estamos callándolo y apagándolo.
Pero no.
Lo volvemos más fuerte.

A veces, el agujero negro nos vuelve de malhumor, irritantes, frustrados irascibles.
Nos saca las ganas.
De todo.

A veces mi perra rasguña la puerta, pidiéndome desesperada, un poco de asfalto y arboleda.
Y yo refunfuño, y me enojo y le digo que no quiero que no puedo que no hay tiempo.
Que la facultad, y los trabajos, y la salud y la familia, y le explico de las cuentas, del gas y de la luz.
Pero a ella no le importa. (Y hace bien)

Y la saco, mientras agita la cola de aca para alla, feliz de la vida, y me lleva por las calles laberínticas.
Y me cuenta del verde, y de las nubes con formas, y de los nenes que la miman y de las palomas que corre.
Y yo me rio, y me acuerdo, y me doy cuenta de que de a poco, me siento mejor.
Y vuelvo a mi casa, riendo y cantando.
Y presiento que el agujero no era tan hondo.
Ni tan fuerte.
Ni tan oscuro.

Y me doy cuenta que vale la pena vivir un día más
con un poco de verde, de formas de nubes
de calesitas y nenes, y palomas que vuelan.

Que hoy estamos vivos


lunes, 30 de abril de 2012


Entre desmemorias y memorias, idas y vueltas.

Nadie sabe como se comienza a formar, ni de dónde surge.
Pero todos la tienen, la moldean, la olvidan, la visitan.
La memoria, es un refugio y una cárcel, un cajón con demasiados papeles, la memoria es una casa en la arena.

Hay casas tan vacías, que las paredes se confunden con el techo, y el techo con el suelo, y uno se siente en el medio del desierto, con el viento atravesando el rostro, y los recuerdos esparcidos en cada rincón del mundo.

Otras, están repletas de historias, de muebles, de libros tirados en el piso y en las paredes cajones, llenos de aromas, de voces y escritos.

A esas casas, vale la pena ir a visitarlas de vez en cuando, sentarse en la vieja silla mecedora, (aunque el mimbre ya esté astillado) y revisar a fondo los cajones, vaciarlos de punta a punta, hasta el último pedacito de tiza, que guardamos aquel agosto, después de pintar rayuelas en todos los patios posibles.

A veces llenar la casa con tanto mueble, tanto vida, tanta rutina, termina encerrándonos de a poco, perdiendo la noción del tiempo, volviéndonos amarillos, cómo diario viejo, convirtiéndonos en parte del mobiliario, escondidos y ocultos en los vericuetos de la memoria, sin saber si somos el recuerdo o sólo recordamos lo que fuimos antes de ser lo que ahora fuimos, o ayer somos.

A nuestra casa en la arena (hecha también de arena), no es fácil sostenerla, ínfima y efímera, a veces tambaleante, suele escaparse de nuestras manos, y volverse olvidada llanura, tiempo en un reloj.

De vez en cuando, (sobre todo los domingos de otoño) suelo visitarla, agrego un estante, guardo una foto en un cajón, abro todos los frascos, todos los olores guardados y los dejo libres.
Por un instante, el olor a tierra mojada, también puede ser humo de vela un día que se cortó la luz, una esquina camino al colegio, que olía a jazmines, abrazo tibio de mi abuela, y tostadas en días de invierno.

Cada vez que voy, también traigo una parte de aquel lugar, lo reparto entre mis días, en el agua del mate, que va a cada amigo, en las risas que salen desde mi panza, y en los garabatos que forman las letras que escribo.
Guardo especialmente, pedacitos de mi casa para los niños, ellos son buenos arquitectos de arena, y es más fácil para ellos edificar nuevos rascacielos sin fronteras.

No me olvido que mi casa es de arena, y que hay ciertas cosas que desarma el mar, y ciertas cosas que se lleva el viento.
Espero que cuando se derrumbe, otros puedan llevarme en la pared de sus propias casas, en la madera de los cajones, o en las partículas que conforman el mimbre de una silla mecedora.
Y que de vez en cuando, abran el frasco con mi aroma, y me dejen deslizarme de a poquito entre las paredes de una nueva casa de arena.



Victoria Jerez.

viernes, 20 de abril de 2012

E N C E R R A D O .

http://gonzaloperin.tumblr.com/
Estar literalmente encerrado.
No por jaulas, ni por paredes.
E n c e r r a d o.
Por miedo.

A la vida

A nacer.
A estar solo.
A sentir.
A caer de la cuna.
A que no te entiendan.
Ni te abracen.
A dejarse moretones
A llegar tarde a la escuela.
A no tener amigos.
Al plato de espinaca.
A la profesora de inglés.
A ser niño.
A creer.
A correr y saltar la soga.
A dios.
A las mentiras.
A lo desconocido
A la ira
Al amor
A crecer.
A no ser uno mismo.
A que no te miren
No te escuchen
No te hablen.
No te quieran.
A que tu vieja se entere.
A no ser el más popular.
A no tener una banda de rock.
A lo que piensen de vos.
A envejecer
Al prejuicio.
A la sociedad de consumo.
A ser parte de la masa.
Al desamor.
A las canciones de protesta
A la iglesia.
A la política.
Al estado.
A que te atrapen.
A la guerra.
A la inseguridad.
Al futuro de tus hijos.
A las arrugas.
A la hipoteca.
A tu jefe.
Al matrimonio.
A ser infeliz.
A que la plata se esfume.
A la infidelidad.
A la molestia,
hipertensión,
arritmia, y acidez.
A la menopausia,
diabetes,
obesidad,
hipotermia,
artrosis,
alzheimer,
sordera,
a la vasectomía,
a la demencia.
Al olvido selectivo.
A los vecinos.
A la dependencia.
A la religión.
A no haber gritado
tomado de más, viajado.
Al no haber amado lo suficiente
O haber hecho cosas locas por amor.
Al no recuerdo.
A no haber aprendido a tocar la guitarra.
A no haber cursado ese taller de portugués.
A la falta de ganas.
A las fotografías en blanco y negro.
A que te olviden.
A que no haya nada bueno que recordar.
A no haber vivido.

A la muerte.

martes, 17 de abril de 2012

La otra realidad

Vivimos enganchados
de un cable a una pantalla
de un auricular a una tecla
y viceversa.
Pero a veces, sin darnos cuenta
nos salimos del cuadradito
y nos vamos por instantes,
a otras realidades.
En las que al subir al vagón
interceptamos otro sonido
mucho mejor en el aire
un muchacho y un charango
en un diálogo improvisado
un paisaje cotidiano
que de a poco se va volviendo color.
Sentados en los escalones
sin buscar propinas
ni aplausos
ni miradas.
Dan ganas de decir tantas palabras
de respirar hondo
para que los acordes puedan
entrar y salir de uno mismo.
Pero la mágico es efímero
y me tengo que bajar
en la próxima estación.
Apoyo un pie en el escalón,
y miro hacia atrás buscando unos ojos,
y los encuentro, y sonrío
agradeciendo ese viaje sin boleto.

Vuelvo a la otra realidad, la de humo
y ruido de maquinarias, e inseguridades varias
Pero con una creciente certeza
de que hay puertas en cada vuelta de esquina
esperando ser cruzadas,
para llevarnos lejos, por unos minutos
sin tiempo, ni cronómetro, ni auricular
ni pantallas, ni teclas, ni cables.
Lejos.

martes, 10 de abril de 2012

Jugando en el patio-barco

A veces camino y veo, unos nenes jugando en un patio-barco.
Una niña pelirroja con una escoba barriendo los pies del nene que está tirado en el piso.
Al nene del piso, con ojos asustados, rogándole al pirata que lo deje vivir. 
Y un tercer nene, con bigote de fibra, señalándolo con el dedo-garfio de su mano izquierda.
Y entonces me pregunto, por qué algunas personas buscan magia en lugares tan equivocados.

lunes, 9 de abril de 2012

Rama, pata y antena

Voy caminando, veo un punto en el piso, una hilera, unas patas, una hojita, una hormiga y sus hermanas.
Mi gata también las ve, las persigue las atrapa las suelta las vuelve a atrapar.
En un cuadradito entra una rama, una pata y una antena.
Tanta vida en tan poco espacio.
Yo me pregunto que sentirá la gata, que estira la pata con gracia, con miedo con sorpresa, tal vez el himenóptero se pregunte lo mismo, mientras intenta llevar su almuerzo en su pequeña y negra espalda.
Y tal vez, la hoja, desterrada de su viviente hogar, de su rama natal, de su tronco amigo, mientras mira al cielo, sin savia y sin vida se pregunte que son esas finísimas ramas negras que la llevan de aca para alla, que no la dejan deslizarse despacito, para morir volando en vaivén, de cara al sol, como soñó durante tanto tiempo.

lunes, 26 de marzo de 2012

Hoy: Pintó el bajón.

Día para escuchar Debussy, para sentarse a la mesa con un sólo plato, para mirar hacia donde no hay nada.
The romantic guitar está sonando, y ya no se quien soy, como si una parte de mí, no estuviera conmigo, se hubiera ido, como Alicia, a través de este enorme y atrapante espejo inconciente.
Me siento, llevo el tenedor a mi boca y mastico, pero no siento nada, sabor a nada, a vacío, y llego a la frustrante y estúpida conclusión de que ciertos vacíos, no se llenan con nada.
Estoy sentada a la mesa, pero también estoy viendo mi distante figura, en la habitación, frente a la mesa, como en un cuadro, hecho de carboncillos baratos, una absurda naturaleza muerta, que no es natural, ni está marchita, o tal vez si, pero sólo por dentro, que inútilmente, siempre está  fuera de tiempo y lugar. Equivocada.

Cajones

¿Se puede despertar de un sueño tan real?
¿De una inconciencia capaz de superar en minutos la realidad?
¿De un aire tan pesado que perfore tus pulmones cada vez que lo inhalás?
De una nostalgia tan auténtica, que aún despues de abrir los ojos la puedas sentir ahí, intacta, burlándose.
De una angustia tan profunda que se aferra a tus huesos, a tu voz, que después de hacerte un bollito contra un sillón, y de que subas el volumen de la canción más triste, para poder largarlo todo, se atreve a abrir los cajones de la memoria, y se instala, haciéndote imposible pensar que sólo fue un sueño, un momento, un instante, sino que en realidad, el sueño era todo lo demás.

sábado, 24 de marzo de 2012

Viento-brazo-abrazo

Lo escucho silbar, sonrío y dejo lo que estoy haciendo. Salgo afuera, con Poli mordiendome las zapatillas y Pichi dejándome su impronta en forma de pata de tierra en mis pantalones azules.
Creo inocentemente que cuando llegue, va a lograr despegarme de los pensamientos que se enriendan en mi, en forma de espiral infinito. (¿Inocentemente?)
Espero. Y llega.
Cómo me gusta creer que si abro los brazos y cierro los ojos al cielo, cuando me traspase va a lograr llevarse una parte de mí, como antes, cuando las cosas eran distintas, para llevarme a cada parte, a cada pequeña partícula que conforma este mundo, para dejarme ahi. Y volverme a arrancar.

Me gusta creer que yo, no sólo soy yo, que estoy conformada por retazos de historias, aroma a lluvia, croar de ranas en pleno julio, miedo de niños en calles desiertas de nueva york, sabores matutinos, campos de girasoles en la pampa saludando al sol, fricción de una mano contra otra, de una pareja paseando por París, impotencia de algunas madres con pañuelo, esa cosquilla que da una caricia, sabiduría de quien sabe que todo pasa por alguna razón.
Quisiera creer con todas las fuerzas que cada vez que el viento traspasa nos lleva, pero también deja, cosiendo y descosiendo en su camino. Y que tal vez en alguna parte del mundo, también estoy yo, danzando en sincronía a la par de todo.

viernes, 23 de marzo de 2012

Buena temporada para remontar olgas

 http://www.macanudo.com.ar/

Don volador de bufandas y sombreros, desparramador de hojas que ayer ayudaste a pincelar de amarillo.
Provocas en mí, ganas de abrazar y no soltar, de hacerme un ovillito en la cama, de preparar té o capuchino, y sentarme en un sillón con pantuflas, y libros de los que caen pétalos descoloridos, de poder calentarme las manos con la taza, el vaivén de los que mueren de pie, que veo desde la ventana, los pequeños remolinos de hojas amarilloanaranjadas y la satisfacción de dejarse atravesar por el viento.

Que bueno que volviste!


Girando en el cielo

  Esta fotografía me encontró y me contó al oido las incertidumbres de un nene, que observó una tarde, las palomas volar.

  Momento captado por Gonzalo Perin,  gonzaloperin.tumblr.com

¿Existirá un lugar, a donde vayan a parar todas las cosas perdidas?

De tinta a piel, mar adentro.

Y me pregunto que significará tanto color enjaulado tanta alegría desordenada, cuál es la magia que esconden las cajitas de té, aquellas que existían antes, en otro tiempo, alli donde encuentro papelitos arrugados que me dicen que todavía sigo siendo yo, de acromáticos a multicolores torbellinos de hojas de otoño.
Dejando en el camino, piezas de rompecabezas sin foto a la cual imitar, fotografías grabadas de tinta a piel y barriletes hechos de nenitos papel diario, agarrados de la mano, mar adentro.